Bitácora de nuestra primera vez

BITÁCORA DE NUESTRA PRIMERA VEZ

El timbre anticipó que mi nueva compañía había llegado. Me apuré para ir al encuentro de ese amable cartero “embarbijado” que solicitó mi firma a cambio del paquete que yo esperaba. Muy gentilmente me saludó y abandonó mi domicilio. Tomé el pedido con ambas manos, giré sobre mi propio eje y enfilé para el interior, cerrando con un movimiento coreográfico de talón la puerta.Era tal la ansiedad que no recuerdo el momento exacto en el que le saqué su presentación, lo único que puedo contarles es que los papeles que lo vestían planearon en el ambiente y cayeron al suelo como si fuera ropa que una apurada se saca ante el deseo de placer inmediato.
Desarmé la caja de su reposo y, con un veloz latigazo de muñeca, lo descubrí mucho más rosado de lo que aquella foto me anticipó que sería. Estaba obnubilada… No podía dejar de mirarlo con mezcla de fascinación y humor, de adultez y niñez, de conquista y de poder, de cuidadoso deseo y concreta fría pertenencia. Ante la mezcla de ocurrencias, decidí romper con mi postura pensante y ponerme en movimientoporque mis deseos exploradores y fantásticos actos de fe, eran más fuertes que la introspección disparada.La única instrucción que tenía en claro era que debía ducharlo antes de concretar cualquier plan con él. Religioso momento en el que mis manos enjabonaron toda su extensión y permitieron que lo descubra suave,vivo y etéreo. Con cada centímetro de su cuerpo recorrido por mis dedos, mi imaginación daba un aleteo más hasta que llegó un momento en el que me resultó imposible aterrizar y debí entregarme al viaje.
Era tal el deseo de concreción que me deslicé por la suavidad de ese blanco marfil y terminé zambullida con él. (Poco importante resultaba el dato de que aún yo conservaba mi vestimenta. Con el paso de los segundos, cada una de mis prendas comenzó a volar, cayendo en las frías baldosas de mícuarto de baño).Intentando la calma por un instante, frené lo que se estaba dando y terminé de higienizarlo. Me tomé un instante más para descubrir cada centímetro de su imponente y, casi, juvenil presencia. Empezando de abajo hacia arriba, en su base un comando de muy sencillo uso daba el punto de partida perfecto para todo lo que vendría después. Sí mal no recuerdo ya les conté que era rosa ¿No?No encuentro mejor comparación a la de una ruta recta que en el final del camino sorprende con una sinuosa curvaque llegaba a la tranquera, pero a mitad de camino una destacada y elegante península: Un atajo al buscado placer.
El marco no podía ser más perfecto, un imperceptible zumbido de abeja musicalizaba toda la su geografía. Ya estaba todo listo y el jugueteo no tardó en llegar. Lo tomé como un pincel y comencé a delimitar toda mi intimidad sin olvidar ningúnrecoveco. En ese preciso momento mis ojos se cerraron sin que se los ordenase y todos los movimientos pasaron a ser involuntarios. Entendí que se aplicaba a la perfección la ecuación de acción y reacción, y me dejé llevar a dónde mi intuición proponía. Ya no pintaba acuarelas en mi femineidad, la adrenalina generó un fuerte espasmo queme obligó a introducirlo abruptamente en el interior y fue allí donde los dos nos convertimos en uno, fue justamente allí donde le pudimos demostrar a la física con hechos concretos que dos cuerpos sí pueden ocupar un mismo espacio. Su vibrante sendero recto estimuló completamente mi interior, su curva final generó desconocidas sensaciones en las partículas más inexploradas de mi cuerpo y su extensión a mitad de camino, cual península, me alegró la gloria.
Les aseguro que me cuesta horrores sintetizar cómo empezó, se desarrolló y terminó nuestra primera vez sin utilizar ningún término escatológico perointentaré hacerlo siguiendo con las metáforas de rutas, caminos y atajos: Comenzamos siendo una bifurcada que, luego de nuestra presentación formal,se convirtió en una ruta de dos manos ala misma dirección y finalizamos chocando en un cruce abrupto de mano y contramano, resultando de esa colisión el más intenso placer que yo recuerde haber sentido alguna vez. ¿Conclusión? Todo lo que había deseado que suceda, sucedió (y, a decir verdad, mucho más).

 

Un relato original de Paraíso Sex Shop, en honor a nuestro estimulador REGINA.

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